Por lo tanto, Shirley solo pudo contener su curiosidad y sentarse en el asiento del copiloto. El lujoso coche deportivo se adentraba poco a poco en los desiertos suburbios de la bulliciosa ciudad. Los alrededores eran cada vez más oscuros, sin luces en las calles, y el ambiente cada vez más extraño. Era un hervidero que engendraba el mal. Sin embargo, Shirley no tenía ningún miedo. Con sus habilidades, podía enfrentarse a diez hombres como Antwan, aunque acabara de recuperarse de su herida en la pierna. —¿Adónde quieres llevarme? Shirley se impacientó y su rostro se ensombreció. —No tengas prisa. Llegaremos pronto. Mientras Antwan hablaba, hizo girar el coche hacia un sendero oscuro. Había frondosos cipreses a ambos lados de la carretera, erguidos como banderines. Shirley abrió la v

