Sasha se despertó con un nudo en el estómago. Ese embarazo estaba siendo más difícil de lo que había imaginado. Apenas había podido llevar a Nat al colegio esa mañana, y tenía la sensación de que su hija empezaba a sospechar algo. Mientras desayunaban, Sasha se sentía cada día más enferma, y ese día tuvo que correr al baño antes de que los huevos revueltos que había preparado le provocaran otro ataque de vómitos. Y aún así terminaron dentro de la taza. Más de una vez. De hecho, cuando salió del baño por sexta o séptima vez, todavía temblorosa, escuchó el timbre. Nat ya estaba en la escuela y no sabía quién podía ser, solo esperaba que no fuera otro de esos periodistas para ofrecerle dinero por la primicia de lo suyo y Steven. Malditas sanguijuelas. Con pasos vacilantes, se dirigió hacia

