Al despertar después de una noche mágica, ellos se dispusieron a disfrutar el sitio, salieron de paseo tomado de la mano, hicieron compras juntos, el día les pareció muy corto. —Te dije que valía la pena. Bruno la miró por encima del borde de su copa de vino. El sol del atardecer se reflejaba en el cabello de Andrea, descubriendo algunos mechones dorados. Eran los mismos destellos dorados que asomaban a sus ojos cuando lo desafiaba o cuando estaba excitada. Era increíble lo rápido que se había acostumbrado a estar solamente con una mujer, una clara señal de que había descubierto lo que es el amor, ya fuera para estimular su mente y provocar su agudo ingenio o para presenciar aquella ansia que asomaba a sus ojos y que igualaba al suyo. A pesar de su atuendo impecable y de la manera en q

