Impulso y obsesiones

1004 Words
capitulo 3 Me apresuré a volver a mi habitación, buscando cualquier indicio que me ayudara a dar con el paradero de Davina. No podía sacarla de mi mente. Su imagen me perseguía como un hechizo del que no podía escapar. Fue entonces cuando golpearon la puerta. —¿Quién es a esta hora? —pregunté con desconfianza, tomando mi varita por si acaso. No hubo respuesta inmediata, así que volví a preguntar. Al abrir la puerta, me sorprendí al ver a Pansy, cubierta con su bata de Slytherin, con una expresión más vulnerable de lo habitual. —Draqui… ¿puedo pasar? —dijo en voz baja. Asentí, sin saber qué pretendía esta vez. Pansy cruzó el umbral y me entregó una cajita con galletas. —Las hice para ti —añadió, ruborizándose. —Gracias —respondí, tomando una sin demasiado entusiasmo. Era claro que Pansy sentía algo por mí… pero yo no estaba para eso. No hoy. Me senté en la cama, colocando una almohada entre mis piernas más por instinto que por pudor. Pansy me observaba detenidamente, como si pudiera leerme. Sentía su mirada recorrerme con una mezcla de deseo y ternura que me incomodaba. —¿Estás bien, Draqui? —preguntó, acercándose hasta sentarse junto a mí. Su proximidad irradiaba un calor inquietante. —No es el momento, Pansy. Necesito estar solo —respondí con voz tensa. —Siempre dices eso —susurró, y su mano descendió con demasiada confianza, rozando la almohada con una intención evidente. Apreté los puños sobre la cama. No sabía si era enojo, vergüenza, frustración o algo más pero la tensión en el aire era sofocante. —No lo entiendes o acaso finges no saber —dije, más frío tratando de mantener la calma Pansy no se apartó. Al contrario, buscó mi rostro con la mano como si esperara consuelo, o algo más. Esa insistencia me hizo retroceder mentalmente. — ¿Qué es lo que te pasa Draqui? — su insistencia era abrumadora —No importa, solo… vete, Pansy. —¿Por qué? —insistió. Me quitó la almohada de un tirón y sus ojos se posaron en mi entrepierna. Lo vio. Se quedó congelada por un segundo. —¡Dame la maldita almohada! —le gruñí, extendiendo la mano, avergonzado, irritado. —No tienes por qué esconderte conmigo —susurró con una sonrisa ladeada, y su mano descendió de nuevo. —¡Pansy, basta! —la empujé con más fuerza de la necesaria. Ella cayó sobre mí, sus manos buscándome con una desesperación que ya no podía disfrazar. Tomó su varita entremedio de los pechos y murmuró algo que hizo que mi cuerpo quedara rígido, como inmovilizado, sin poder hacer nada. La furia me recorrió por dentro al ver que solo queda en ropa interior. —¿Qué estás haciendo? —escupí, aunque apenas podía mover los labios. Ella solo me miró, con esa expresión de niña caprichosa y esa envolvente voz. Se acercó peligrosamente y empezó a jugar con sus manos dejando mi cuerpo en ebullición total —Qué me decías draqui — el eco de su voz enciende cada parte de mi cuerpo. —Ya verás que te vas a acordar de mí, Draqui —susurró antes de revertir el hechizo y salir como si nada. Me quedé un rato en silencio intentando calmar mi agitación, con las emociones desordenadas, con cada minuto que pasaba el calor se apagaba dejando mi mente apagada y el sueño se apoderó dejándome dormido como un bebé. Más tarde, cuando desperté de un sueño tenso y agitado, vi que Pansy ya no estaba. Solo había dejado una nota sobre mi escritorio.. ........................................................................... NOTA Podemos repetirlo cuando quieras, donde quieras, mi Draqui. —Pansy ........................................................................... La arrugué sin leerla una segunda vez pero mi cuerpo reaccionó al instante. Por un momento me tentó la idea… pero era otra la que invadía mi mente. Davina. Necesitaba verla. Saber más. Tocarla, aunque fuera solo una vez más. Volví al baño de Myrtle la Llorona. Por suerte, no estaba allí. Preparé con rapidez una nueva poción multijugos, usando otro cabello de Blaise. Bebí el líquido, soportando el sabor horrible, y salí rumbo al Callejón Diagon. Mi plan era simple. Verla. Hablar con ella. Tal vez, conseguir un cabello suyo para una futura poción. Una locura, sí… pero no podía negarme a esa necesidad. Busqué por cada rincón. La bruma entre las tiendas, los rostros ocultos bajo capas. Cuando ya pensaba que había sido en vano… la vi. Estaba hablando con una mujer mayor, de mirada penetrante, de esas brujas que parecieran saber más de lo que deberían. Me escondí y escuché. —...los vampiros han empezado a cruzar los límites mágicos. Ya no respetan nada —decía la anciana. Vampiros. ¿Qué tenía que ver Davina con ellos? No podía acercarme. No sin saber más. Pero una locura se me ocurrió. Solo necesitaba un cabello. Para la próxima vez. Monté una escoba que vi apoyada en una esquina junto a una capa y simulé perder el control justo cuando pasaba junto a ella. Caí cerca, y en el golpe fingido logré lo que buscaba: al rozarla, sujeté unos mechones de su cabello. Me disculpé rápidamente y salí volando. Ella apenas reaccionó. Continuó su conversación con la bruja como si nada. Yo, en cambio, me alejé con el corazón latiendo como si hubiera robado un fragmento de algo sagrado. Esa noche, sabía que no iba a dormir. Solo pensaría en ella. Pero cuando me giré para alejarme, noté algo extraño. Alguien me seguía. Me di vuelta, pero no había nadie detrás de mí. El Callejón Diagon parecía vacío, aunque la sensación de que alguien me seguía no desaparecía. Seguí caminando, cada vez más inquieto, hasta que escuché un leve susurro que parecía venir de un rincón oscuro. Me acerqué con cautela, varita en mano, y entonces la vi. Unos ojos color miel brillaban en la penumbra. Eran los de Davina. —¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté, desconcertado por su repentina aparición.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD