Capitulo 15
Liam volvió de la cacería con un animal entre sus manos, todavía tibio y sangrante. Lo dejó caer al suelo frente a Davina, y la sangre fresca llenó el aire con un aroma metálico y tentador. Sus colmillos surgieron instintivamente al percibirlo. Liam, con una sonrisa ladeada, le lanzó la presa, y ella la atrapó con firmeza.
Sin apartar los ojos de él, llevó la boca al cuello del animal y bebió lo suficiente para calmar el ardor en su garganta.
—¿Cómo te sientes… o prefieres mi sangre? —preguntó Liam con un tono entre provocador y serio.
—Podrías darme un poco de la tuya —respondió Davina, mirándolo con intensidad.
Liam se giró hacia la cabaña y buscó algo afilado. Cuando lo encontró, trazó un corte limpio en su propio cuello. La visión hizo que Davina dejara caer la presa; sus colmillos, aún manchados, rozaron su piel antes de hundirse suavemente, y Liam dejó escapar un leve suspiro, mezcla de dolor y una extraña satisfacción.
Mientras tanto, en Hogwarts, Dumbledore había reforzado la seguridad en el castillo y sus alrededores. Harry y sus amigos, reunidos en el baño de Myrtle la Llorona, intentaban idear la mejor forma de localizar a Draco Malfoy.
—¿Y si lo encontramos? ¿Qué se supone que haremos con él? —refunfuñó Ron, claramente poco entusiasmado.
—Vamos, Ron, no es por él, es por todos —dijo Neville, posando una mano tranquilizadora en su hombro.
—Neville tiene razón —añadió Luna con su voz etérea.
—¿Y si no lo encontramos? —insistió Ron, mirando a Harry con escepticismo.
—Lo encontraremos —afirmó Hermione, decidida.
Ron se giró hacia ella, molesto. —¿De qué lado estás?
—¡Del lado de Harry! —respondió ella, sin ocultar su irritación.
En ese momento aparecieron Fred y George, sonriendo con picardía.
—Vaya, vaya, nuestro hermano de mal humor —comentó Fred.
—Y sin contarnos el motivo —añadió George, dándole un codazo.
—Déjenme en paz —rezongó Ron.
—Estamos buscando a Malfoy —intervino Neville.
Los gemelos intercambiaron una mirada cómplice. —Entonces vamos con ustedes —dijo Fred.
Harry asintió y el grupo se amplió.
En otro lugar, Draco observaba a la joven muggle atada frente a él.
—¿Por qué te quieren? —preguntó, su tono frío pero curioso.
—Para un ritual —respondió ella, inquieta—. Los vampiros están cazando gente como yo.
—¿Y sabes quién lo dirige? —
—Liam —susurró, bajando la mirada—. Ha apagado su humanidad y ha sembrado el caos.
Draco frunció el ceño. —¿Y no te asusta?
—No —respondió con calma—. Incluso pedí que me convirtieran alguna vez, pero nadie aceptó.
Tras un breve silencio, Draco terminó la conversación. —Métete de nuevo ahí.
Con un movimiento de varita, la muggle desapareció en el bolso. Draco suspiró. —Qué agotadores son los muggles.
Mientras el grupo de Harry seguían dialogando
—No seas malo, Ron —dijo Hermione, abrazando a Ginny con cariño.
—Podrías escucharla y después decidir —intervino Luna con su voz soñadora.
—Pero… ¿Hermione y tú, Luna, están de su lado? —preguntó Ron, confundido por la postura de ambas.
—Vamos, chicas —dijo Ginny, guiando a Hermione y Luna para irse. Pero, al ver a Harry, se detuvo en seco y se sonrojó.
—¡Harry! —exclamó Ginny, llevándose las manos a la boca mientras el rubor le cubría el rostro.
—Hola, Ginny —saludó Harry con una sonrisa cálida.
—¿Por qué estás tan roja, Ginny? —preguntó Ron, tocándole la cara. Ella, avergonzada, se cubrió el rostro.
—Hermanito, cierra esa bocota —bromeó Fred, revolviéndole el cabello.
—¡Ah, Fred, suelta! —protestó Ron.
George apareció, sujetó a Ron y le lanzó un hechizo; de inmediato unas cuerdas lo ataron dejándolo inmóvil.
—¡Cállense! —exclamó Ginny, con las mejillas aún encendidas.
Los gemelos se miraron sorprendidos ante la reacción de su hermana.
—Pero si es cierto —murmuró Ron, sin entender del todo, mientras Harry se acercaba y le ponía una mano en el hombro.
—Ya, Ron… vamos —dijo Harry, guiándolo.
—Pero así no puedo caminar bien —se quejó Ron.
—Yo te ayudo —añadió Hermione, colocándose a su lado.
El grupo se puso en marcha. Ron continuó hablando hasta que llegaron a la salida de Hogwarts. Hermione conjuró un hechizo de transporte que los llevó muy cerca de una ciudad muggle. Para su sorpresa, estaban justo en las cercanías de donde, según ellos, podría encontrarse Draco Malfoy.
—¿Dónde nos cambiamos? —preguntó Luna, mirando alrededor en busca de un sitio seguro.
—Aquí —indicó Hermione, señalando un rincón resguardado donde podrían cambiarse sin ser vistos por los humanos.
—Cámbiense ustedes, nosotros vigilaremos —dijo Harry, disimulando su nerviosismo.
Las chicas se vistieron primero, seguidas de Harry, Ron, Neville, Fred y George, quienes se apresuraron para no hacerlas esperar.
—Estamos listos —anunció Harry, esbozando una leve sonrisa. Ron lo imitó, aunque con su habitual ceño fruncido.
Las chicas se giraron y notaron lo distintos que se veían. Entonces, sacaron el objeto que habían encontrado en la habitación de Draco: un collar de Slytherin con sus iniciales. Les serviría de guía.
—Sigamos el collar —indicó Harry con determinación.
Caminaron por pasillos cada vez más oscuros hasta llegar a una extraña caverna. Aquello les resultó sospechoso; Draco no iría a un sitio así por voluntad propia… a menos que lo hubieran llevado a la fuerza.
Mientras tanto, al día siguiente, Draco Malfoy se despertó con una ligera frustración. Se vistió y, al abrir la puerta de su habitación, Barty apareció, adoptando una postura de alerta.
—Vámonos, tenemos compañía —dijo con desdén.
Intrigado por la joven muggle, Draco tomó el bolso mágico y siguió a Barty hasta una habitación que conducía a un balcón. Subieron al techo de la caverna para observar el área.