Capitulo 12
—¡Tú me convertiste sin mi permiso! ¡Arruinaste todo! —gritó Davina, lanzándose sobre él con toda la fuerza que el nuevo poder le otorgaba.
Liam bloqueó los golpes con dificultad. En un movimiento brusco, la empujó para apartarla.
—Tranquila, querida... aprende a controlar ese nuevo fuego —murmuró con un deje de diversión oscura.
Pero Davina no pensaba ceder tan fácilmente. La batalla dentro de ella acababa de comenzar. Y con cada segundo que pasaba, se prometía encontrar el modo de escapar... y de volver con Draco.
Sus ojos brillaban con rabia e impotencia.
—¡No quiero ser esto! ¿Cómo pudiste hacerme esto? ¡Yo solo quería estar con Draco! —gritó con desesperación.
Liam la miró con frialdad. —Eres mía ahora, Davina. Ya no eres la misma maga de sangre pura que eras antes. Eres una criatura de la noche, inmortal y poderosa. Deberías estar agradecida.
Ella lo fulminó con la mirada. —¿Agradecida? ¡Me has arrebatado mi humanidad, mi magia, mi vida con Draco! ¿Cómo puedes pensar que voy a aceptar esto?
Él se acercó, tomando su rostro entre las manos. —Tú eres mi pareja destinada, Davina. Juntos seremos imparables. Olvídate de ese chico mago mortal, tu futuro está conmigo ahora.
Davina se apartó bruscamente. —¡Nunca seré tuya! Haré lo que sea necesario para recuperar mi vida como maga, incluso si tengo que destruirte.
Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Liam. —¿Y cómo planeas hacerlo, querida? Ya no tienes tus poderes. Ahora eres una vampira, como yo. Estás indefensa.
Davina, acorralada, sentía cómo la ira y el dolor se arremolinaban en su interior. Ya no era una bruja, pero la fuerza que recorría su nuevo cuerpo vampírico ardía como fuego.
—Tal vez ya no tenga mi magia, pero ahora soy más fuerte de lo que jamás fui. Y usaré esa fuerza para librarme de ti y recuperar lo que me pertenece.
Liam la miró con cautela, sorprendido por su firmeza. —No subestimes el poder que corre por tus venas. Podríamos ser dioses, Davina. ¿Por qué rechazas tu nuevo destino?
—Nunca renunciaré a mi humanidad, ni a mi magia ni a Draco. Prefiero morir que vivir contigo —dijo Davina, sus ojos encendidos.
Una sombra oscura cruzó el rostro de Liam. —Entonces serás mi prisionera. No podrás escapar de mí. Y tarde o temprano, lo aceptarás.
En un intento por doblegarla, Liam se hizo un corte en la mano, y sin que Davina pudiera resistirse, su cuerpo reaccionó instintivamente. Se aferró a su muñeca, bebiendo de su sangre. La energía la recorrió de nuevo, y un estremecimiento poderoso la invadió. Liam soltó un suspiro gutural, deleitado con la conexión forzada, y la estrechó con fuerza.
Pero en su mente, Davina solo pensaba en liberarse. En resistir. En encontrar el modo de romper el lazo que Liam intentaba forzar.
...
Mientras tanto, Draco Malfoy caminaba con pasos firmes, aunque su interior era un mar de incertidumbre. Sabía que Bellatrix lo esperaba, y el solo pensamiento le helaba la sangre.
Cuando llegó a la guarida, la bruja lo recibió con una sonrisa torcida.
—Mira quién ha vuelto. El joven Malfoy, con regalos para nuestro Señor —dijo extendiendo una mano huesuda.
Draco tragó saliva y le entregó el pergamino.
—Aquí está toda la información que obtuve en Hogwarts —dijo con voz contenida.
Bellatrix lo leyó con detenimiento y, tras una pausa, sonrió con malicia.
—Has demostrado tu utilidad, Draco. Pero aún no es suficiente.
Draco sintió que el estómago se le hundía.
—¿Qué debo hacer ahora? —preguntó.
Bellatrix se acercó peligrosamente.
—Te infiltrarás con Barty Crouch Jr. en la ciudad de los repulsivos muggles... donde se ocultan los vampiros. Hay algo más que necesitamos.
El corazón de Draco se detuvo un instante. No podía negarse.
—Lo haré —respondió con voz firme.
—Excelente. Sabía que no me decepcionarías —dijo ella, acariciándole el hombro con una fingida dulzura que le revolvió el estómago.
Draco asintió, conteniendo el desprecio. Debía seguir con el plan. Por Davina. Por su familia. Por todos.
...
Junto a Barty, Draco se adentró en la ciudad muggle. La mezcla de olores, luces y sonidos lo abrumaba.
—¿Dónde estamos? —preguntó, observando la ciudad gris y viva.
—De paso —respondió Barty, con una sonrisa torcida, mientras le entregaba ropa para pasar desapercibido.
Draco se cambió en un callejón oscuro. La tela muggle le resultaba ajena, incómoda. Pero no tenía elección. Caminó junto a Barty por los callejones, atentos a cualquier señal.
De pronto, una figura se dibujó entre sombras.
Draco se tensó, varita en mano, mientras avanzaba con cautela. El corazón le latía con fuerza, pero no mostró duda.
La figura se movió, revelando el rostro de una joven demacrada, con una mirada vacía y la piel pálida. Un escalofrío recorrió a Draco. Algo en ella no estaba bien.
Y algo dentro de él le dijo que esta misión apenas comenzaba.
—¿Me pueden ayudar? —preguntó con desesperación la chica, sus ojos suplicantes se clavaban en Draco y Barty.
Draco la observó con atención, analizando cada movimiento, cada gesto. Su apariencia desaliñada y pálida despertaba sospechas. ¿Era una simple muggle o una vampira esperando que alguien bajara la guardia?
La joven no apartaba la vista de él, sorprendida por la presencia de dos extraños en aquel callejón oscuro. Sus ojos reflejaban miedo, sí, pero también una tristeza profunda que inquietó a Draco.
—Por favor... —suplicó ella de nuevo, con la voz rota—. Solo quiero escapar de esto...
—¿Escapar de qué? —preguntó Barty con una sonrisa torcida. Sin previo aviso, la tomó bruscamente de la muñeca, haciéndola soltar un quejido de dolor.
Draco desvió la mirada. No podía intervenir abiertamente, pero tampoco quería presenciar aquella crueldad innecesaria.
—¿De qué huyes? —insistió Barty, sin perder la sonrisa sádica.