Elizabeth estaba emocionada, aquella noche de disfraces, sentía absoluta tranquilidad dentro de su ser, entró a la habitación dónde estaba su hijo qué dormía profundamente, le acomodó la ropa de cama, acarició sus cabellos, qué eran rubios, amarillos como él color oro, besó su frente y dijo: " ¡Hijo, te amo demasiado! Ella apagó la luz del velador, cerró la puerta con mucho cuidado luego bajó hacía la planta baja. Rubén, él médico de carácter alegre se acercó a élla, la invitó a bailar, los disfraces eran divertidos, Paula comenzó a contar chistes y anécdotas durante la fiesta. Elizabeth lloró de emoción cuándo escuchó a su amiga, repetir continuas veces palabras bonitas hacia ella. Fiona la madre de Germán le agradeció. —Querida, nunca lo había pasado tan bien, debes ir a visitarme, a

