En la oficina de Germán, habían secretarias, amistades de Germán, miraban a Elizabeth de una forma superior a ella, no tenían idea, con quién estaban tratando, entró uno de sus amigos y preguntó. —¿Está quien es? Es presiosa, ¿Me la presentas? Solo la quiero, para lo qué tú, ya sabes. Elizabeth logró escuchar lo qué decía aquel hombre. Germán la llamó repetidas veces, ella salió a fuera, de muy mal humor, luego entró irritada y le dió una cachetada. —¡¿Qué te pasa infeliz?! Crees qué puedes usar a la mujer cómo se te antoje, ¿Acaso sabes quién soy? ¡Lárgate de mi vista! Elizabeth sacó su delantal, la rabia y la impotencia se apoderó de ella, le habían propuesto un nuevo trabajo, cómo secretaria de un médico, se acercó a Germán. —Tú y tus amigos, son buenos para nada, le falta valores

