CAPÍTULO VEINTIDÓS Cuando Mackenzie entró a la sala de conferencias, el lugar era un hervidero. Nancy estaba sentada en su lugar habitual al final de la mesa, repartiendo los informes más actualizados sobre el caso del Asesino del Espantapájaros. Varios agentes de policía tomaban sus asientos a la mesa, murmurando con solemnidad como si estuvieran atendiendo un funeral. Cuando Mackenzie se hizo paso hasta la parte frontal de la sala donde vio que Nelson hablaba con otro agente, notó que los agentes que pasaban de largo le estaban lanzando muchas miradas. Algunos todavía la miraban con desprecio igual que lo habían hecho hacía tres días en esta misma sala. Sin embargo (y quizá fuera culpa de su imaginación) algunos le estaban mirando con auténtico interés y, se atrevía a decir, con respeto

