Meghan sintió de nuevo aquel cosquilleo atravesarle el cuerpo y erizarle la piel. La sensación era tan buena que fácilmente podía convertirse en una adicta de sus labios. —Pat, van a vernos —murmuró cuando él liberó su boca. —No importa, Meghan, no me importa si nos ve el mundo entero. Ella se alejó lo suficiente para enfrentar su mirada. —Aún no creo que haya pasado el tiempo suficiente, Pat. Él estiró la mano y atrapó la muñeca de Meghan. —Sé que es difícil para ti confiar en mis sentimientos y que sientas que todo es muy apresurado, Meghan, pero no es así. Lo que sentía por Astrid fue mermando poco a poco, sucedió antes de que tú llegaras a mi vida. —Antes de que tú me trajeras, querrás decir —refutó Meghan. Patrick le sonrió. —Antes de traerte a mi vida —rectificó él. —¿Cómo

