Era una noche algo lluviosa y helada, me coloqué la ropa de una forma apresurada y le pedí al viejo el dinero por el servicio que le había dado, una vez tuve el dinero en mis manos salí de aquella habitación y me dirigí al primer piso. Era un motel de mala muerte en donde me encontraba, todo estaba oscuro y desgastado, el olor no era el mejor, sin echar vista atrás bajé las escaleras y llegué a la recepción en donde detrás del mostrador se encontraba un hombre dormido; este era muy gordo, tenía una barba desarreglada y se podía observar cómo una gota de saliva bajaba y dejaba un rastro blanquecino. Sin decir nada salí del motel y comencé a caminar en dirección de mi hogar pero antes de cruzar siquiera una cuadra escuché una voz rasposa que se dirigía a mí
- Hey, tú, niño – me detuve y me di la vuelta, la voz venía de un vagabundo que se encontraba sentado en el suelo al pie del motel – te he visto salir de aquí durante varias noches, este no es un sitio para ti, creéme. Puedes terminar como yo o hasta peor
- Métase en sus asuntos, a mí déjeme en paz - respondí estrelladamente y me fui casi corriendo de ahí dejando al viejo con las palabras en la boca.
Si algo había aprendido durante mis años en la calle era que nunca debía acercarme a personas así, que estuvieran en este tipo de lugares lugares y en horas como estas. Seguí el camino hacia mi hogar, o bueno, más que hogar era una habitación barata que había logrado consegu