Respiré hondo con la vista puesta en la fría ventisca. Miraba por la ventana y en mis manos sostenía una humeante taza de chocolate caliente. Mi mamá había comprendido, al menos en cierta forma, que el accidente había ocurrido y que gracias a eso habíamos descubierto mi estado actual. Tenía un hijo en mi vientre y eso cambiaba todo, por completo. Pero una mancha empañaba mi felicidad y esa mancha tenía como nombre Vito Rossi. Una semana había pasado, me rendí al día dos en llamarlo. Quizás lo habían matado, eso se metió en mi cabeza y no había forma de sacarlo. Tampoco podía intentar ubicarlo, el doctor había ordenado completo reposo si quería sobrellevar su embarazo. Las motonieves eran un gran negativo actualmente para mí. -¿Qué haces ahí?- me giré mirando a papá con una sonrisa peq
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