Estaba intentando adaptarme a la rutina, a mi rutina. Pero era complicado, realmente sí me hacía falta Vito y odiaba sentir que dependía de él en cierta forma. Hablábamos varias veces al día a través de mensajes de texto, sabía que no me había defraudado cuando prometió no olvidarse de mí. Él alegraba mi vida en momentos extraños, como hace media hora en una reunión con la “Junta” en donde me hizo sacar una carcajada desde lo más hondo de mi ser por un simple chiste. Por eso me extrañaba el mal presentimiento que me albergaba cuando sentía que estaba todo tan bien. Era como si no pudiera estar completamente tranquila en ningún momento y por un motivo o por otro el mal tocara a mi puerta. Tendría que preguntarle a mamá seriamente si alguna vez alguien nos había echado una maldición o

