Prometí que volvería y no pude salvarla ya pasó un mes desde que perdimos el rastro de los bandidos y no pudimos encontrar a Keira.
El comandante aún no sé a dado por vencido y la guardia imperial aún la buscá.
Un mes que no e podido sacar esos ojos violetas que me miraron con intensidad ese hermoso cabello dorado que se elevaba con cada corriente de aire.
— Yo Kyllean De Roanne aquí en este lugar sagrado hago la promesa de querer solo a Keira Versáttiero y que sólo la tomaré a ella como mi esposa y será la única mujer que me pueda interesar.
— ¡Kyle!
— Samia.
— oh! aquí estás, ¡ven vamos padre y madre nos quieren ver!.
Tomé la mano de mi hermana menor y deje que me guiara por todo el jardín imperial.
— Kyllean De Roanne, saluda al sol y luna del imperio.
— Kyllean, tu madre y yo te hemos dicho muchas veces que mientras estemos solos no necesitas de tantas formalidades.
— Lo sé padre, pero es mejor no cometer ningún error ya que seré el próximos emperador de este imperio y no sé me permite ninguna falla.
— Hijo, no seas tan exigente contigo. Mira deberías de ser más como tú Samia.
— Madre, Samia es una libertina y siempre ocaciona desastres donde quiera que ella va y tan solo tiene siete años y se salta sus clases de etiqueta.
— No, es mi culpa que tú seas un amargado hermano —Samia se escondió detrás de nuestro padre y sacó su lengua en burla.
— Ya niños y Kyllean no es que tú hermana sea una libertina solo que tú eres muy serio para tu edad.
Una sirvienta se acercó a mí padre.
— Su majestad el comandante Versáttiero está aquí.
— Que venga, lo veré aquí.
— Presentó mis saludos a su majestad el sol de este imperio y a nuestra madre luna —el comandante hizo reverencia a mis padres y luego a nosotros.
— Mis saludos a las estrellas del imperio.
— Puedes levantar la cabeza.
— Dime Márquez encontraste algo.
— Su majestad, cuando llegamos ya habían abandonado el lugar.