Kath me dedicó una mirada insolente antes de lamer los restos de semen de sus labios con la lengua. Luego se levantó y comenzó a recoger su ropa del suelo. Una vez vestida, me miró fijamente a los ojos. “Seguro piensas que soy un desastre” dijo, con un tono que reflejaba que la desesperación s****l que antes mostraba se había esfumado. Yo también me había vestido, la miré con un poco de lástima. “Te llevo” me ofrecí. Ella sólo asintió. El camino a su casa fue, para variar, silencioso. Cuando detuve el carro frente a su edificio por fin se dignó a hablar. “Es sólo que… no… la boda y todo… no me he sentido realmente libre en mucho tiempo, bueno y contigo es fácil, tú me entiendes realmente y sé que puedo ser un poco… un poco zorra contigo sin que me juzgues” dijo con un aire melancóli

