Las meseras que atendía a tan selecta clientela eran chicas jóvenes y de buen cuerpo, si bien Miriam Caballero reflejaba un rostro de vergüenza y timidez al estar en semejante situación, las chicas reflejaban un rostro de impudor y cinismo al estar atendiendo a los borrachos o estar sentadas junto a ellos, era como si estuvieran orgullosas por desempeñar este trabajo, aunque solo se trataba de un cascaron, por dentro estas pobres chicas guardaban tanto o quizás más asco que el que Miriam Caballero sentía, pero lo que más indignó a Miriam Caballero fue ver entre los clientes un trío de policías, tomando y con una de las chicas en las piernas de uno de ellos, Miriam Caballero poco a poco comprendía que ese mundo de justicia color de rosa que tanto le hacían creer en la tele y las noticias en

