Una mujer felune echaba humo en su jaula. Se llamaba Amari. Hasta hacía poco había sido la jefa de guerra de su clan, pero los traidores la habían cambiado. Una mañana, tras disfrutar de una noche tórrida con los esclavos que acababa de adquirir el día anterior, cayó en una trampa debido a un alboroto. Pensando que sus subordinados, imbéciles, tramaban otra estupidez a primera hora de la mañana, se vistió rápidamente y salió de su tienda. Por desgracia, antes de que sus ojos pudieran siquiera acostumbrarse a la luz del sol matutino, innumerables puntas le habían clavado un clavo en el cuello. Con tantos oponentes tomándola por sorpresa, no tuvo más remedio que rendirse. Esperaba que su insensatez le diera todo lo que necesitaba saber para preparar su represalia. Quienquiera que estuviera

