Capítulo 4

2159 Words
Narra Bellamy Lowell No se en que momento de tanto llorar terminé quedándome dormida, unos lamentones me despertaron, mi hermoso Cheeto se encontraba en mis piernas y me miraba triste—No pasa nada hermoso ya estoy acostumbrada—me levanté con las piernas algo débiles y llegue a mi lavabo y al verme en el espejo la tristeza me invadió profundamente, sin saber muy bien como sobrevellar la situación, me sentía rota, devastada, inútil, los ladridos de Cheeto me sacaron de mi ensoñación. —Lo sé, pero no es sencillo—dije viéndole sin ganas de hacer nada. Me lave la cara y salí en dirección a la cocina, sentía mis mejillas calientes y mis ojos algo me inchados, me sentía algo mal todavía mi teléfono comenzó a sonar y lo busque en mi bolso encontrándome una gran sorpresa. 154 mensajes 37 llamadas Cogí el teléfono con algo de duda al no saber bien quien era, aunque una parte de mi lo sospechaba. ¿Hola?—dije con la voz algo pastosa por aver llorado. Señorita Lowell, espero que tenga una buena excusa para no haber acudido a nuestra cita—Selene se encontraba con la voz algo molesta. "Ella también está enfadada, conmigo" Lo siento muchísimo Señora Vernon—mi voz estaba entrecortada y notaba como las lágrimas y los sollozos comenzaban a salir de mi garganta. Seque las lágrimas de mis ojos y volví a mirar la pantalla de mi teléfono, le molestaría que llorase, me quite la ropa quedando solo con una camisa de manga corta que llegaba a la mitad de mis muslos con solo un tanga debajo de esta, encendí la televisión y me dispuse a ver la película de Los Angeles de Charlie, abrace fuertemente a el gran peluche de oso que me regalo Kenny para casos de emergencia y observe la película, hasta que unos minutos más tarde sono el timbre de mi casa. El miedo se apoderó de mí cuerpo, no pueden ser ellos. "Ellos no avisan al entrar" Y Kenny no se encuentran en la ciudad estos días. Me acerque a la puerta y me puse de puntillas mirando en la mirilla y no vi a nadie y el timbre volvió a sonar. —¿Quién es?—pregunté con cautela. —¡Bellamy soy yo, Oliver!—su voz me hizo abrir los ojos en grande y abrí la puerta encontrándome solo a Oliver con unos chocolates en sus manitas, mi corazón se apretó ante tal escena. —Hola Oliver—dije con una sonrisa y me abrazo. —Mama Selene dijo que estabas triste—dijo con una mirada triste y me agaché dejando un beso en su frente. —Estoy bien—dije y el me miró de manera seria. —Déjeme dudar de su palabra señorita Lowell—levante la mirada encontrándome a los señores Vernon delante de mi con sus trajes negros excluyendo a Sienna que vestía una falda ajustada y una camisa de seda roja, yo me eche a un lado permitiéndoles pasar a mi casa, con algo de vergüenza. —Que bonita es tu casa—dijo Oliver mirando todo con fascinación—Hay muchas plantas—dijo y yo sonreí, pasamos a la sala y me senté con ellos en el sofá donde minutos antes me encontraba tumbada—¿Bella que es eso?—me preguntó señalando dónde en una esquina se encontraba, Cheeto en una bolita. —Es Cheeto, mi perro—Cheeto es un cocker spaniel lo adopte con ayuda de Kenny hace cinco años, es mi compañero emocional. —¿Puedo jugar con él?—yo asentí y note como Cheeto daba vueltas alrededor de él, y salieron a la terraza a jugar dejándome sola bajo las intensas miradas de los señores Vernon. —¿Ahora nos contará lo que le sucedió?—observe a Alan que se encontraba en una silla enfrente de mi y como a mis costados se sentaban Sienna y Selene de piernas cruzadas mirándome con curiosidad. —Me gustaría disculparme por no a ver asistido, pero las cosas se complicaron—dije nerviosa mirando mis piernas apretando fuertemente mis manos. —Nos lo puedes contar Bellamy, queremos ayudarte—dijo Sienna colocando una de sus manos en mi muslo haciendo que una corriente cruzara mi cuerpo. Kenny dice que tengo que abrirme con la gente. "¿Esta bien si lo hago con ellos?" —Bueno, yo no tengo una buena relación con mis padres—dije sin poder levantar la mirada—Ellos no aceptan nada de mi, odian mi trabajo y les disgusta mi...personalidad—dije y solté un pequeño suspiro—Yo lo prometo estaba preparada para ir con ustedes, pero ellos entraron sin decir nada arrasando conmigo como siempre lo hacen—mis ojos se volvían a empañar y apreté más mis manos en mi camisa—Me dejaron sola, con una ataque de ansiedad y se marcharon como si no valiera nada, así que lo siento por no poder aver ido, pero no me dejaron elección—y derrepénte fui abrazada por Selene quien me apretó contra su cuerpo y acarició mi cabello. —No te preocupes Bella, nosotros nos encargamos—dijo y yo solo me quedé allí en los brazos de una de las madres de un niño que hace pocos días conocí, y escuche como, ¿Ezra?, maldecia y se levantaba de su silla, yo me separe de Selene agradeciéndole por su compresión—Saldre a hacer una llamada—salio del salón y fui alzada hasta quedar en las piernas de Sienna, una de sus manos se colocó en mis desnudas piernas y su otra mano se poso en mi cadera apretando fuertemente mi cintura. —Eres tan adorable—dijo dejando un beso en mi cuello, dejándome con un escalofrío que recorría todo mi cuerpo, con vergüenza mire su rostro, que se relamía sus labios—Fascinante—dijo con una mirada oscura. —Bueno queríamos hablar con usted hoy para preguntarle si estaría interesada en convertirse en la niñera de Oliver—dijo Alan cruzándo sus piernas dejando sus manos sobre su regazo a lo que le mire con el ceño fruncido—Es solo cortesía señorita Lowell, como bien dijimos usted es nuestra y nos gustaria su compañía con nuestro hijo, usted le hace feliz—yo no sabía que decir hasta que sentí como la mano de Sienna iba subiendo por mis muslos. —Eres muy suave—yo trague fuerte y nerviosa—Y muy receptiva, me encanta—yo vi como Alan cerraba los ojos con fuerza y Jayce sonreía de costado observadome fijamenente pero sus ojos no miraban su cara miraban mis.. "Ahora entiendo lo de receptiva" Me levanté de las piernas de Sienna y corrí hasta mi habitación colocándome un top deportivo y unos shorts, con la misma camisa de antes. —Lamentamos la incómoda situación señorita Lowell—dijo Alan con su semblante serio que le caracteriza—Mañana uno de nosotros pasará por usted para que se instale en nuestra casa. "En su casa" —Pero yo no..—comencé a decir pero me encontraba nerviosa y fui interrumpida. —Ya lo dije antes—Alan camino hasta que su pecho quedó a mi altura y su mano tomó mi mentón—Nos pertenece, hágalo por Oliver, él la aprecia muchísimo—dijo y yo simplemente asentí ante su mirada. "Bueno no puede ser tan malo" —Nos marchamos, esperemos que cuente con nosotros de ahora en adelante, le recuerdo que puede contar con nosotros para lo que usted quiera—dijo Jayce con una sonrisa tan espeluznante como la de Sienna que ambos iban enlazados del brazo. Oliver viniendo corriendo en mi dirección, con una sonrisa muy grande, diciendo que Cheeto le había chupado la cara y estaba lleno de sus babas a lo que yo reí. —Bella a partir de mañana serás toda nuestra, ¿verdad?—las palabras de Oliver tuvieron un gran efecto sobre mi. "Es un niño no hay maldad, ¿no?" —Madre, me podrías explicar con una buena razón del porque he tenido que dejar a Bella—le pregunté a mi madre Selene quien se encontraba con una sonrisa muy poco usual en ella. —No queires ver a las personas que han hecho llorar a tu amiga—yo asentí rápidamente, pagarán por a verle hecho daño. Llegamos a un edificio que tenía el apellido de Bella en la entrada, mi papá Ezra me tomó en brazos y fuimos escoltados hasta el interior del edificio por nuestros guardaespaldas, las mujeres que estaban ahí trabajando no quitaban sus sucias miradas de mis padres, subimos en un ascensor y terminamos llegando a un despacho un chico de gafas que se encontraba nervioso, nos guío hasta el interior de una oficina. —Señor Lowell, han llegado—dijo y nos abrió la puerta donde se encontraba un señor de brazos cruzados y a su lado una mujer con sus manos en la cabeza—Me retiro. —Buenas tardes—saludaron mis padres sentándose en las sillas y dejándome a mi en las piernas de mi mamá Sienna que observaba con asco a la señora—Supongo que ya saben que hacemos aquí—el señor asintió de manera lenta—Sabemos que es cuestión de tiempo que caiga en bancarrota su empresa, le estamos haciendo un favor—como siempre mi padre Alan miraba con superioridad a el señor. —¿Puedo preguntar el por qué?—dijo el señor con la mandíbula apretada—Que yo sepa, nuestra empresa no tiene nada que ver con vuestros intereses, se que puedo sacar mi empresa adelante. —Ahora si que puede sacar su empresa adelante cuando hace unas horas atrás quería echarle el muerto de todas las deudas que tiene la empresa por su culpa a su hija—dijo mi papá Jayce con su típica mirada sarcástica. —¿Como...—el señor fue interrumpido por la señora que se levantó dando un fuerte golpe en la mesa. —Todo es por ella—dijo la mujer incrédula. —Si, tiene algún problema con eso—dijo mama Sienna mirando amenazante a la señora. —¡Esa mocosa mal agradecida, es una jodida buena para nada!—dijo histérica, y juro que si no fuera por qué mi madre me tenía fuertemente agarrado contra su cuerpo, ella misma le hubiera pagado una bofetada. —Señora no le permito que se refiera a ella de esa manera, acaso no es su hija—dijo papá Alan de manera seria y enfadada. —Ya veo esa pequeña golfa se ha encamado con ustedes, la niña no es tonta—dijo con burla y enfado, y de un momento a otro el señor de levantó de su asiento propinándole una fuerte bofetada a la señora dejándola sin habla. —Le pido por favor que controle a su mujer señor Lowell, y trate con respeto a la señorita Bellamy—dijo mama Sienna y el señor avergonzado sacó a su mujer de la oficina—Lo mejor que puede hacer es firmar, puede tomarselo como una jubilación adelantada, y también hágalo por el poco amor que le queda hacia su hija, le está haciendo un favor—el señor a regañadientes término firmando. Salimos de la oficina donde la mujer se encontraba dando vueltas con el teléfono en su oído. —Esta niña—dijo furiosa y yo me acerqué a ella dejando detrás de mí a mis padres que observaban todos mis movimientos—¿Que quieres?—dijo cuando golpeé su pierna para que notará mi presencia. —Se lo voy a decir solo una sola vez Señora Lowell y espero que lo entienda—ella me miró con una ceja alzada—Usted no tiene ningún derecho para maltratar a su hija de la manera tan despreciable en que lo hace, una madre no niega ni trata mal a su hijo, es muy fácil decir "soy su madre" lo difícil es serlo, una madre o padre apoya a sus hijos en su felicidad y le doy por seguro que usted no lo es—ella me miró con la boca abierta—Asi que le pido por favor que deje en paz a mi Bella, por que ella es parte de mi familia y le aseguro que si se vuelve a repetir lo de horas antes las consecuencias serán mucho peores que lo de su empresa—termine de decir—Buenas tardes. —Como te atreves a amenazarme—dijo la mujer con un notables enfado. —No la he amenazado, acaso no sabe que los niños siempre dicen la verdad —dije con una sonrisa siendo tomado en brazos por mí padre Jayce que miraba con burla a la señora—Adiós, señora Lowell.
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