CAPÍTULO X—BUENAS noches, milady. Hasta mañana… que descansen bien—dijo Martha. —Había ayudado a Karina a desvestirse y le había dado a beber un vaso de leche tibia con miel. Ahora apagó las velas y salió del dormitorio cerrando la puerta tras sí. Karina se quedó inmóvil en la oscuridad. No pensaba ya en la perfidia de Lord Wyman, ni en los horrores que había pasado esa noche. Sólo recordaba la sensación de seguridad y de dicha que había sentido cuando el Conde la llevaba en brazos, así como al contacto de sus labios en los suyos. Ello la había hecho ver la verdad. ¡Amaba profundamente al Conde! Comprendió ahora que lo había amado desde la primera vez que lo vio. Lo amaba ya cuando descendió del árbol para pedirle que se casara con ella, cuando llegó a su casa y la arrancó de la brutal

