Clínica clandestina – habitación principal El cuarto estaba en silencio, solo interrumpido por el sonido del monitor cardíaco y el leve zumbido de la lámpara quirúrgica colgando del techo. Rubí despertó entre sombras, con la garganta seca y los pensamientos envueltos en niebla. Su cuerpo dolía, su alma aún más. Marco estaba allí, sentado a su lado, con la cabeza gacha y las manos entrelazadas. No se había movido en horas. Ella abrió los ojos con dificultad. —Marco... —murmuró, con la voz rota. Él alzó la cabeza al instante, como si hubiese estado esperando ese susurro toda la noche. Le tomó la mano con ternura, pero sus ojos estaban llenos de tormenta. —Estás despierta... gracias a Dios —susurró, besando su mano con devoción. Rubí notó que había algo más. Una tensión distinta, un te

