La Villa Leone amaneció envuelta en una calma luminosa, como si el mar y el cielo se hubieran puesto de acuerdo para bendecir aquel día. Cada rincón estaba adornado con rosas negras y blancas, velas altas y encajes que parecían suspirar historias antiguas. Afuera, los invitados llegaban en autos de lujo. Viejos aliados, socios de Greco y Morozov, amigos de la familia, y figuras que habían compartido tanto sangre como lealtad. El mar, detrás de la villa, servía de fondo al altar, con un arco cubierto de flores rojas y blancas. La boda de Luciana y Dante no sería solo una unión… sería el cierre de un ciclo y el comienzo de una nueva generación en la familia Leone. En el jardín central se levantaba una carpa de cristal, decorada con candelabros dorados y cristales colgantes que reflejaba

