Florencia – Villa Leone – Amanecer. La brisa fresca de la mañana entraba por los ventanales abiertos de la sala del desayuno. El aroma del café recién hecho se mezclaba con las notas suaves de jazmín que venían del jardín. Nonna Vittoria, con su habitual elegancia sencilla, colocó una taza frente a Arianna y se sentó frente a ella, observándola con atención. —Estás más pálida que ayer —murmuró Nonna, con una ceja levantada—. Y no es por el café. ¿Ya se lo dijiste a Greco? Arianna bajó la mirada hacia su taza. Acarició el borde de la porcelana con un dedo tembloroso. —Aún no. No es el momento. Nonna suspiró, firme pero sin juicio. —Amore mio, él necesita saberlo. No por debilidad, sino porque tiene que cuidarse más que nunca. Este hijo... no es sólo tuyo. Es de él también. Y los enemi

