Moscú – Apartamento privado del Conservatorio. El sol apenas comenzaba a disipar el hielo de los ventanales cuando el teléfono seguro de Greco vibró sobre la mesa de roble. Era Dante. —Tenemos un problema —dijo, sin rodeos. Greco se irguió, su voz cargada de ese filo helado que solo usaba en momentos críticos. —Habla. —Rubí se reunió con Paolo. Le mostró una imagen de ustedes dos... en la intimidad. Fue Paolo quien contactó a Rocco Valente. Lo escuché todo. Están planeando un golpe. Moscú. El hotel Leone está entre sus posibles blancos. Silencio. El tipo de silencio que antecede a la tormenta. —Escucha, jámas confié en esa perra —dijo Greco con frialdad reptante—. Y ahora, me toca a mí demostrar por qué soy quien soy. —Te mando apoyo. Dos de los nuestros ya están camino a Moscú. Y

