LILAH Le había permitido quitarme la ropa. No necesitaba endulzarme nada. Ya estaba entregada. No necesitaba decir nada. Pero lo que dijo provocó una explosión en mi vientre, brasas subiendo hasta el pecho. ¿Cómo podía hacerme sentir así un completo desconocido? ¿Cómo podían sus palabras ser más significativas que cualquiera que hubiera escuchado antes? —Me dejaste sin palabras —admití. —No necesitas decir nada. Solo necesitas saber… Por fin avanzó, sus manos yendo a la pared por encima de mi cabeza, su rostro inclinándose hacia el mío. —que no puedo esperar a probarte. Sus labios quedaron suspendidos frente a los míos. —No solo tu boca. Quiero conocer el sabor de tu coño. Y el sabor de tu orgasmo. Y quiero saber a qué sabe tu lengua cuando te haga gritar más fuerte de lo que ja

