Lilah Era más fácil lograr que Darian me odiara que decirle que no debería querer tener nada que ver conmigo. Más fácil sentir la ira irradiando de su cuerpo que enfrentar la decepción si le decía que no podía ceder en mi decisión. Lo que le dije era verdad. Pero no le dije por qué. Por qué estaba huyendo. Por qué no podía quererlo. Por qué era este desastre complicado, emocionalmente inaccesible. Desde que me mandó a la parte trasera del avión, actuando como si estuviera harto incluso de mirarme, ya ni siquiera importaba a estas alturas. Lo que él no sabía era que yo era sensible. Que la conversación que habíamos tenido, aunque fue corta y medio críptica porque no me expliqué, dolió. Me dolió admitir lo que hice. Que, aunque quería despertar mañana en su cama; que quería salir con

