Agatha ¿Qué quiero? Esa era una pregunta fácil de responder cuando la estrella del sueño de anoche estaba de pie frente a mí, más sexy de lo que jamás lo había visto. Era el traje—tenía que serlo. El gris oscuro con la corbata plateada que me hacía querer devorarlo. O tal vez era que había pasado un poquito de tiempo desde que nos habíamos visto y, durante esa distancia, había olvidado lo increíblemente sexy que era este hombre. ¿Podría olvidarlo? ¿Era siquiera posible? Cualquiera que fuera la razón, mi cuerpo estaba perdiendo la batalla por mantenerse calmado e indiferente. Y aunque ya no estábamos al teléfono, juraría que podía escuchar a Sky cantando: Te dije que de alguna manera te lo ibas a encontrar. Tenía razón. Maldita sea. Y ahora tenía que tomar una decisión, los segund

