Dagny —Vas a entrar… ¿verdad? —preguntó Kendrick. En cuanto puse la palanca en estacionar, me estaba mirando desde el asiento del copiloto de mi coche. El motor seguía encendido en la entrada de su casa y mi dedo flotaba sobre el botón para apagarlo. Si aquel beso en el restaurante no me hubiera dejado completamente descolocada, no estaría aquí. No estaría mirándolo a los ojos. No me habría excitado tanto con la idea de lo que esos labios iban a hacerme como para aceptar algo tan imprudente como irme a su casa con él. Pero aquí estaba, enviando todas las señales equivocadas, traicionando todas las promesas que me había hecho. ¿Quién soy ahora mismo? No lo sabía, pero pensaba seguir adelante hasta que mi instinto me dijera que no, y hasta ahora, durante el trayecto a su mansión, no h

