Dagny De repente sus manos estaban debajo de mi espalda baja, levantándome del colchón. Me pegó contra su pecho y, con mis piernas ya rodeándolo, mis brazos rodearon su cuello. —Te gusta cargar conmigo —susurré, recordando que había hecho esto la última vez, pero en esta ocasión no tenía ni idea de a dónde me llevaba. —Me gustas tú. Solté una pequeña risa. —Se nota. De repente me encontré contra una pared, de modo que ya no tenía que sujetar mi espalda; sus manos fueron a mis caderas, donde me posicionó de tal manera que pudiera hundirse en mí. Grité por el hecho de que mi sexo todavía estaba muy sensible, pero también por lo bien que se sentía él. —Si se nota que me gustas, entonces... —se balanceó hacia atrás y hacia adelante, con mi humedad haciéndolo todo muy fácil para él—, ¿qu

