Sin desconectar el contacto visual, Ekrem se fue acercando, se detuvo muy cerca, levantó su mano e hizo presión en mi rostro —Tus días en esta casa serán miserables, desearás no haber nacido, Ellyün Bozkurt. —¿Y quién se encargará de eso? —, Inquirí con una sonrisa —¿Tú? —, fui subiendo mis manos por su pecho, mientras lo hacía podía sentir su cuerpo erguirse, incluso su rostro se acartonó más —Sabes bien que no podrás hacer de mis días miserables, porque lo que sientes por mí no te dejará. —¿De que estás hablando? —, le sonreí —¿Te estás burlando de mí? —, su mandíbula se tensó y masculló —No intentes pasarte de lista… —Pasarme de lista, Ekrem—, mi mano llegó a su cuello, tracé líneas con mi uña —Sabes que lo dicho es cierto, tú siempre has sentido algo por mí—, clavé mis uñas tras su

