No consigo reaccionar, me tomó con la guardia baja. No logro empujarla ni apartar mi boca, sino que la correspondo. Habían pasado un par de semanas desde la última vez que la había besado, es demasiado tiempo, la extrañaba con locura. Toda aquella supuesta determinación para olvidarme de ella se desvanece con su saliva. La sostengo de la cintura y la presiono contra mí, demostrando cuánto había soñado con volver a tenerla entre mis brazos. Comienza a moverse, incitándome a dar media vuelta junto con ella. Ahora es Somali quien se encuentra arrinconada por mí y el lavabo. De pronto, sube sobre éste y se acomoda. Me toma del rostro con ambas manos y me besa con frenesí. Luego, baja la cremallera de su pantalón para deshacerse de él. —¿Qué haces? —cuestiono con la respiración agitada, en

