—Dijiste que tu hermana traería a un amigo, pero no pensé que fuera él —expresa Bruce. —Oh, es verdad —Maritza gira en dirección a Solange quien ya está sentada a su costado—. Creí que traerías a Benjamín —sostiene, levanta la mirada y me escruta—. Tú debes ser José Carlos. —Así es —respondo, estrechando su mano. —Bien, en cuanto vuelva Dante llamaremos a la mesera —declara Bruce. —¿A dónde se fue? —pregunta Solange. —Al tocador. No ha de tardar —replica Maritza, observando su reloj de mano. En todo ese momento Somali no articuló palabra, ni siquiera para el saludo. Su expresión se tornó seria una vez que me vio y no ha podido mover un dedo desde entonces. —Perdonen la demora... —suelta una voz masculina. En cuanto lo reconozco se me ponen los nervios de punta. Se trata nada menos

