Me mira por encima del hombro. Su ala choca contra un cuadro en la pared y lo hace estrellarse contra el suelo. Lo maldice coloridamente. —¡Tus plumas rojas son súper bonitas! Realmente resaltan tu ceño fruncido —le digo a su espalda que se aleja. —Malditas plumas rojas—, se queja en voz baja antes de que la puerta se cierre detrás de él. Evert se ríe. —Probablemente vas a pagar por eso más tarde—. Considero lo que Ronak contaría como un castigo. —¿Estamos hablando de azotes? Porque ya lo hicimos y estoy bien con eso—. Parpadea y luego mira a Sylred. —Nunca sé qué va a salir de su boca—. —Es parte de su encanto—. —Atar también está bien. Excepto que no con cuerda. Ya me ató a un árbol con una cuerda, así que eso me arruinó todo—. El labio de Evert se contrae divertido. —Comprensibl

