Renovales fué rico, como puede llegar a serlo un pintor. Entonces construyó lo que los envidiosos llamaban «su panteón»: un hotel soberbio, tras las verjas del Retiro. Sintió el deseo vehemente de fabricarse un nido a su gusto é imagen, como esos moluscos que con el jugo de su cuerpo se fabrican el caparazón que les sirve de vivienda y defensa. Despertó en él esa ansia de ostentación, de originalidad aparatosa, fanfarrona y cómica que duerme en el pensamiento de todo artista. Primero soñó con una reproducción del palacio de Rubens, en Amberes: loggias abiertas que servían de estudios, frondosos jardines cubiertos de flores en todo tiempo, y circulando por sus avenidas gacelas, jirafas, pájaros de plumaje luminoso cual voladores ramilletes, y otros animales exóticos que servían

