Denisse se quedó de pie en medio de la oficina sin saber que decir. Sentía su rostro arder de la vergüenza y en ese preciso momento deseaba que la tierra la tragara y la escupiera en otra empresa. —Tome asiento señorita Bennett, —la voz de Harry la trajo de regreso a la cruel y vergonzosa realidad. —Yo... No sabía que tú estarías aquí... Yo... Lo lamento muchísimo. —Apoyó contra su pecho la carpeta que llevaba con sus documentos, currículum y referencias, bajó la mirada y giró para salir rápidamente de esa oficina. Antes de que pudiera abrir la puerta y huir vergonzosamente, Harry se puso de pie y de unas pocas zancadas llegó a su lado impidiéndole el paso. Ella alzó la mirada, encontrándose con esos hermosos ojos verdes que la escudriñan. —¿A dónde cree que va, señorita Bennett? —Esbo

