Capítulo 5

1737 Words
Había transcurrido una semana desde que llegó al reino del este, desde ese entonces no había vuelto a ver la horrible cara del rey, cosa que por cierto agradecía. Las asperezas entre Sasha y ella eran bastante notorias, por eso evitaba compartir con las otras chicas, no soportaba el carácter de aquella mujer y no arruinaría la velada de las otras. Pasaba el día dentro de la habitación, se sentaba junto al inmenso ventanal leyendo un libro o trazando planes en su mente para escapar y ser completamente libre. Shine se encontraba sumida en sus pensamientos, mirando melancólicamente a través de la ventana. El cielo oscurecía a medida que las nubes grises cubrían todo rastro de luz. El ambiente en la habitación se tornaba sombrío y opresivo, reflejando perfectamente el tormento interno de Shine. De repente, un golpe en la puerta la sacó de su ensimismamiento. Un movimiento de alegría recorrió su cuerpo, pues pensó que era su fiel amiga María, quien desde que llegó se aseguraba de animarla en momentos como aquellos. Sin pensarlo dos veces, se encaminó hacia la puerta y la abrió despreocupadamente. Sin embargo, al ver quién estaba al otro lado, su corazón dio un vuelco. Frente a ella se encontraba un joven apuesto, de su misma edad. Su cabello rubio platinado, algo desordenado, resaltaba sobre su piel pálida y su rostro angelical. Pero lo que más captó su atención fueron aquellos cautivadores ojos rojizos, que parecían traslucir emociones intensas. El joven vestía con elegancia, portando una vestimenta espléndida y una corona de plata adornaba su cabeza. No había duda, era el príncipe, el hijo del hombre con el que Shine estaba destinada a casarse. El simple hecho de imaginar al rey como su esposo le provocaba un nudo en el estómago. Shine había sido regalada al monarca para asegurar una alianza entre sus familias reales, pero aquel acuerdo matrimonial iba en contra de todos sus deseos más profundos. Soñaba con encontrar el amor verdadero, con poder casarse por amor y no por obligación. Impresionada por la presencia del príncipe, Shine se quedó sin palabras. Intentó recuperar su compostura, pero sus pensamientos se agolpaban en su mente, luchando entre la tristeza y la esperanza de que algo pudiera cambiar. Mientras tanto, el príncipe permanecía en silencio, sus ojos rojizos escudriñándola con curiosidad, deleitándose con la belleza de la joven. De repente, un destello de complicidad se reflejó en los ojos del príncipe, como si hubiera entendido el conflicto que asolaba el interior de Shine. Sin decir una palabra, extendió su mano hacia ella, invitándola a salir de aquella oscuridad que los envolvía. El corazón de Shine latía desbocado, luchando entre la lógica y la atracción que sentía hacia aquel misterioso príncipe. Sabía que su destino estaba sellado, pero tal vez, solo tal vez, aquel joven representaba una oportunidad de encontrar la felicidad que tanto anhelaba. —Es un placer conocerla, soy el príncipe Kael. —Estrecha con suavidad la mano de la pelirroja. —Yo soy Shine, soy nueva en el palacio. —Sus palabras salieron tan deprisa que se atropellan unas con otras. Ante su propia torpeza se sonrojó notoriamente. —He venido por que mi padre desea que te enseñe el reino completamente y te ayude a ambientarte antes de la boda. —Dijo con amargura al momento que desviaba la mirada. —La boda... —Mencionó en voz baja sintiendo de pronto un nudo en la boca del estómago. —Eres bastante joven, ¿cómo es que terminaste en las garras de mi padre? —Detuvo su andar para mirarla fijamente. Su padre era un cretino sin alma, pero sabía que muchas mujeres se entregaban a él solo por una pizca de su poderío. —Soy la hija bastarda del rey de Monseaul, cuando tu padre decidió atacar nuestro pueblo el cobarde de mi padre me ofreció como ofrenda de paz. Mató dos pájaros de un solo tiro, se deshacía de mí y de paso cuidaba el bienestar de su pueblo. —Llevó un mechón de su largo cabello tras su oreja y le dedicó una sonrisa temblorosa al príncipe. —No fue mi elección estar en este lugar, mucho menos contraer matrimonio con tu padre... —Lamento que estés pasando por todo esto... —Posó una de sus manos sobre el hombro de la joven, sintiendo como está se estremecía bajo su tacto. —Puedes contar conmigo, te ayudaré en lo que más pueda. —Gracias, Kael. —Sintió su rostro arder y su cuerpo estremecerse ante el cálido tacto del príncipe. Continuaron con su recorrido por el castillo y sus exteriores, la joven observaba la magestuosidad de tan imponente y lujosa construcción. Toda la tensión que sintió en un comienzo se desvaneció rápidamente. Kael era agradable, sacaba temas de conversación y logró arrancarle más de una risa. El tiempo transcurrió tan rápido entre ellos que no sintieron el extenso recorrido, finalmente se detuvieron en el establo, Kael deseaba presentarle a Bribón, un hermoso caballo n***o, su fiel compañero en casa viaje. Shine observaba al majestuoso caballo n***o con asombro, acariciando su suave pelaje mientras Kael le contaba historias de sus aventuras y travesías. Aunque estaba cautivado por la belleza del animal, no podía evitar desviar su mirada hacia el príncipe. Su presencia imponente y amable al mismo tiempo, hacía que el corazón de Shine latiera desbocado. —Mira cómo te observa, como si supiera lo especial que eres, —dijo Kael, deslizando su mirada de manera intensa hacia Shine. Un rubor invadió las mejillas de la pelirroja mientras apartaba la vista tímidamente. —¿Y tú qué piensas? —Preguntó, intentando ocultar su turbación. Kael sonrió, acercándose al animal de igual modo hasta que quedaron a escasos centímetros de distancia. —Creo que eres la persona más increíble que he conocido, Shine. Eres valiente, inteligente y tienes un corazón tan puro que ilumina todo a su alrededor. Se que nos conocemos hace un par de horas, pero con solo cinco minutos a tu lado me bastó para darme cuenta cuan especial eres. Las palabras de Kael provocaron un revuelo de emociones en Shine, que no pudo evitar sentir una conexión especial con el príncipe. La tensión en el aire era palpable y parecía que ambos compartían un secreto entre sus miradas. Sin mediar palabra, Kael acarició suavemente la mejilla de la joven con el dorso de la mano, sus dedos rozando su piel delicadamente. Era un gesto suave y lleno de ternura, pero al mismo tiempo cargado de una pasión oculta. Shine se estremeció de pies a cabeza, sintiendo intenso revoltijo en su vientre. Estar junto a Kael, era cómodo y familiar, como si lo conociera de toda la vida. Shine, dejándose llevar por la corriente abrumadora de emociones, cerró los ojos y se acercó lentamente a los labios de Kael. El beso fue dulce, torpe e inexperto, un simple roce de labios. Sellando de ese modo el inicio de algo más profundo y significativo. Al separarse se miraron con cierta timidez, Shine avergonzada intentó apartarse, sin embargo el príncipe la tomó de la muñeca jalándola suavemente contra su cuerpo volviendo a besarla. El tiempo pareció detenerse mientras se entregaban a ese momento mágico, sus labios explorándose con suavidad en una danza pasional, entremezclada con la torpeza e inexperiencia de ambos. Era como si sus almas se hubieran encontrado y reconocieran en ese instante. Cuando finalmente se separaron, Shine se encontró sin aliento pero con los ojos llenos de brillo y esperanza. Las palabras eran innecesarias, porque sus corazones ya habían hablado con ese beso, con esa conexión indescriptible. La joven sintió que se había enamorado de alguien mucho más que de un príncipe encantador. Había encontrado en Kael un refugio seguro, un apoyo incondicional y un amor que resonaba en cada vibración de su ser. —Será mejor regresar, podría ser peligroso que alguien nos vea tan cerca. —Tomó la delicada mano de la joven y acarició esta con delicadeza y ternura. —Si, ya es algo tarde. —No se atrevió a mirarlo a los ojos, no después de lo que aconteció entre ellos, sabiendo que en unos días debía casarse con Frederick, el padre de Kael. La noche se encontraba envuelta en un manto de silencio en el área de las concubinas, donde los susurros del viento acariciaban las ramas de los árboles cercanos. Kael escoltó a Shine hasta la puerta de su habitación, su corazón latiendo con fuerza en su pecho mientras la miraba intensamente a los ojos. Los ojos azules de la pelirroja parecían brillar, cautivantes y profundos, como dos espejos que reflejaban el alma del guerrero mientras se perdía en sus intensos ojos rojizos. A su vez, Kael se perdía en aquellos ojos azules, llenos de pasión y deseos que solo ella lograba despertar en él. Un juego silencioso se desataba entre ambos, una complicidad que solo ellos entendían. Aunque sabían que cualquier tipo de relación amorosa entre ellos era prohibida, en ese momento poco les importaba. Después de varios segundos en los que el tiempo parecía detenerse, el aire se llenó de una risa compartida. Era una carcajada suave y espontánea, cargada de la emoción que solo el amor puede despertar. Sin pensarlo dos veces, Kael se acercó a Shine y depositó un beso fugaz sobre sus labios, dejándola con la dulce sensación de un fuego encendido en su corazón. Sin darle tiempo a reaccionar, el guerrero se alejó rápidamente, como si quisiera escapar de sus propios sentimientos. Shine se quedó allí, plantada en el umbral de su habitación, con una sensación de felicidad que se reflejaba en su rostro y una sonrisa imborrable. Pero en ese momento, ninguno de los dos fue consciente de que Sasha, la astuta cortesana, los había observado desde su ventana. Los ojos de Sasha, siempre atentos y sagaces, habían captado aquel instante mágico entre Shine y Kael. Sin embargo, en lugar de revelar aquel secreto, decidió esperar el momento idóneo para hablar con el rey. La intriga se apoderó de Sasha, quien se retiró sigilosamente de la ventana, con la seguridad de que aquellos corazones unidos en secreto estaban destinados a encontrarse ante la mirada vigilante del rey. Solo quedaba esperar el momento propicio, donde las palabras justas e imponentes serían pronunciadas para llevar a su plan a buen término. Ella sería la siguiente reina, no permitiría que una chiquilla le arrebatara tal título.
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