IVANNA —¡Ahhh! Estoy tan molesta, no, molesta es poco, estoy malditamente furiosa —expreso Anto. Luego de la dichosa comida que tuvieron, vino y se dejó caer a mi lado en la cama, como siempre acostumbramos a hacer esto juntas. —Tranquila, no te hará bien —le dije. Estaba esforzándome para no mostrarme afectada con ese asunto. —No tienes por qué fingir que no te duele. Llora, maldice, patalea y si es necesario también dale una patada en las bolas al tarado de mi hermano, se lo merece por idiota —resoplo. —No, no quiero lastimarlo —musito. —Oh, Ivy tontita —me abraza —Tú eres mucho para todos esos idiotas de allí afuera. —Solo abrázame, Anto, y quédate conmigo está noche. —Y así será, nunca te dejaré sola. Y así fue. El tiempo que estaba ella, hacíamos todo juntas. Vimos varias pe

