Roma/Milan Raffaele observó a Stefano en completo silencio. No era un hombre que cuestionara los métodos de su amigo; de hecho, si Stefano necesitaba asesinar a alguien, con gusto escondería el cuerpo, pero cuando se trataba de la familia Velentini, tenía que hacerlo. El poder que habían adquirido al quedarse con la compañía de la familia Nerucci era enrome. Bastaba con saber que habían sido capaces de deshacerse de la única heredera para salirse con la suya; era para tenerlos en cuenta; sin embargo, a Stefano eso le parecía poco y había decidido atacar desde las sombras. Tenía la impresión de que eso nada tenía que ver con los favores que Vittori Romano le solicitó. Parecía un movimiento exclusivamente personal. —Envíe el avión privado a Londres para recoger a tu tía y a la señorita

