Simone pasó el resto del día enfocada en su trabajo. Atendió llamadas, programó citas con los socios y organizó documentos. No había rastro de Carlota. Ni una mirada. Ni un comentario venenoso. Nada. Eso la puso en alerta. La víbora no se quedaría tranquila. Algo estaba tramando. Pero no pasó nada. El silencio era inquietante, pero también liberador. Por primera vez en mucho tiempo, pudo trabajar sin interrupciones ni provocaciones. Y eso le vino bien. Se sumergió en la agenda de Valentino, revisando cada reunión programada para la semana. Ajustó horarios, confirmó reservas y envió recordatorios a los asistentes. Su eficiencia era impecable. Cuando alguien llamaba, respondía con voz serena y profesional. —Oficinas de Vasiliev Enterprises, ¿en qué puedo ayudarle? Mantenía

