Dmitri la observaba con una sonrisa depredadora, apoyado en el respaldo de su asiento con una mano sosteniendo su vaso de whisky. —¿Has venido por tu dosis, muñeca? —su voz era un ronroneo oscuro. Simone se inclinó levemente, acercando su boca a su oído. —¿Por qué no mejor vienes tú a reclamarme? —susurró con veneno y promesas de pecado. Él sonrió de lado. Pero ella sabía algo que él aún no había descubierto. No era él quien siempre dominaría el juego. Esta vez, Dmitri Vasiliev iba a aprender lo que era suplicar. La noche todavía era suya. Simone iba a disfrutar de su dominio mientras pudiera. Haría que Dmitri creyera que tenía el control, que era él quien dirigía la dinámica entre los dos. Pero pronto… muy pronto, todo cambiaría. Como la noche anterior, Dmitri no tardó en pedirl

