Dmitri conducía con el ceño fruncido, los nudillos blancos sobre el volante mientras el auto devoraba el asfalto. Sus hombres iban detrás de él, en otros vehículos, pero él no había permitido que nadie más tomara el control. No esta vez. Sasha, sentada en el asiento trasero, intentaba vestirse mientras el auto se desplazaba a toda velocidad. La brusquedad de los movimientos la obligaba a sujetarse con una mano al asiento mientras con la otra trataba de deslizar la falda sobre sus muslos. Cada sacudida del auto dificultaba su tarea, pero ella se apresuraba, no quería darle la satisfacción de verla vulnerable. Cuando finalmente se detuvieron frente al hotel, Sasha ya había ajustado su ropa al cuerpo. Apenas tuvo tiempo de tomar aire antes de que Dmitri saliera del auto y rodeara el vehí

