El sonido del monitor del hospital está sonando cuando abro los ojos y lo primero que veo es a Niki durmiendo en un pequeño sofá, que desde donde estoy, se asemeja más a una silla de escritorio que a un sillón. Luce algo cansada; lleva ojeras por todo el rostro e incluso está roncando un poco, pero es como si tuviera un radar dentro de ella que le avisa mis movimientos, porque en cuanto me acomodo en la cama, ella abre los ojos también. Me llevo la mano al estómago, algo adolorida. Es entonces cuando puedo darme cuenta de la enorme venda que cubre esa parte de mi cuerpo. Recuerdo todo con tanta nitidez que ni siquiera me pregunto a mí misma por qué estoy en ese lugar. — Kate— la voz ronca de Niki pronuncia mi nombre y de alguna manera, eso me hace sentir un poco mejor. — Quiero irme

