Mis manos suben nerviosas hasta mi cabello y comienzan a jugar con uno de los rubios mechones que caen por encima de mis hombros. No tengo idea la razón; sólo sé que mi corazón está latiendo a mil por hora. Miento, si que conozco la razón. Se llama Niki Holden. Niki Holden, la misma chica que se acercó a mí hace unos años para conseguir que mi madre sea su abogada. La misma que me tuvo preocupada por meses, pensando lo peor. La misma chica que usaba la misma chaqueta todos los días; la que siempre me acompañaba a todas partes, la que me iba a buscar a casa y con la que compartía sándwiches de tomate en el techo de colegio. Niki pudo haber sido una extraña hace unos años, pero en algún momento se convirtió en la persona que amo. Y eso no ha cambiado. Sigo enamorada de Niki; de sus pe

