Elara se despertó de golpe. El corazón le latía con fuerza. La habitación estaba a oscuras, aunque juraría haber dejado las cortinas abiertas. Se incorporó con lentitud, desorientada. El silencio lo cubría todo, pero no era el silencio normal de la madrugada. Era un silencio espeso. Como si el mundo entero estuviera conteniendo el aliento. Algo la había despertado, pero no sabía qué. Se frotó los ojos y se levantó con cuidado. El suelo de madera crujió bajo sus pies descalzos. Una ráfaga de aire helado pasó por la ventana cerrada. No había viento. No había ruido. Pero una presión invisible le apretaba el pecho. Entonces lo sintió. Un tirón en el centro del cuerpo. Como si una cuerda invisible la arrastrara hacia afuera. No era miedo. Tampoco curiosidad. Era algo más profundo. Algo que

