Ocho días han pasado desde que Arya decidió mantener la distancia y aplicarme la ley del hielo. Sí, nos hablamos, pero solo frente a las personas. En privado guarda silencio y solo se puede escuchar el sonido de nada. Admito que estuvo mal besarla, pero no fue un beso como tal. Entre ella y yo hubo una unión de labios, que si no es porque la muerdo, ella ni me responde el mísero beso. No comprendo su molestia. De verdad que no entiendo por qué está molesta por eso. ¿Quedaría claro que no entiendo por qué no me habla? —¿Qué opina usted, doctor Kozlov? —interrumpe mis pensamientos, el residente que estaba exponiendo quien sabe que cosas. —Es tu exposición y tu paciente —lo miro fríamente—. El que debe decirme con claridad y ni una pizca de duda que hacer con él, eres tú. El chico traga

