Capítulo 1

2337 Words
Hospital universitario de Oslo. Oslo-Noruega. Dos meses después de la propuesta de su abuelo... Aleksandr (Sasha) ¿Cómo se supone que cuente mi historia? Es corta. Me enamoré y fui dejado. Fin. Gracias por leer nos vemos en otra novela. Durante estos dos años he hecho mi mayor esfuerzo por mantenerme bien. No puedo decir que soy feliz, o que estoy en calma. Después del secuestro de mi hermana menor juré dedicar mi vida a encontrarla. Recuerdo claramente la promesa que nos hicimos de pequeños. —Si alguna vez nos separamos, ve a un hospital. No importa cuando ni donde, yo te encontraré —alzo mi meñique. —Seré doctora de cerebros —sus ojos brillaban de emoción—, así será más fácil conseguirme —alzó su meñique y lo unió con el mío. Éramos hijos de mafiosos, no podíamos tener otra clase de promesas. Han pasado casi 20 años del secuestro de mi hermana y todavía tengo esperanza de conseguirla. Sé que voy a encontrarla. Dos años después de romper relaciones con mi familia, por primera vez en tanto tiempo fui llamado a Rusia para encontrarme con ellos. La noche de la muerte de la reina de Alemania, yo fui quien salvó al próximo rey de Suecia y a su mejor amigo. Honestamente quería dejar que se murieran, pero aún tenían signos vitales, algo débiles, pero los tenían. Hablaban como si ya se iban a morir, lo que ellos no sabían es que el cerebro les jugó una broma. —Los salvaste, eres el ídolo de muchas mujeres —bromea mi cerebro. ¿Por qué digo cerebro? Bueno, porque la conciencia es el conocimiento que tiene un ser de sí mismo o su entorno. ¿Se entiende? ¿No? Bueno, no lo vas a entender y tampoco lo voy a explicar. —Él no admite que yo existo, este hombre es cruel, me golpea y maltrata con su lógica absurda y barata. La conciencia maltratada me llaman —se queja mi cerebro. No sé por qué sigo discutiendo conmigo mismo, creo que las noches sin dormir me están empezando a pasar factura. Me vine a vivir a Noruega para estar alejado de mi familia y un poco cerca de... ella. Aunque no la busco porque sé que es feliz con su familia me hubiese gustado que habláramos una vez más. Ni siquiera la amistad se pudo mantener, solo somos conocidos. —¿Hasta cuándo vas a seguir pensando en esa mujer? —pregunta, mi mejor amigo entrando al consultorio. Él se llama Ryan Stevenson, nos conocimos un año antes de salir de la secundaria. Era el matón de la escuela. No, no era el chico malo que se enamora de la nerd y cambia. Él había ido a la cárcel por posesión de drogas y robo a una tienda, fue a rehabilitación y todo eso lo hizo durante su adolescencia. Yo era el popular por ser el hijo del líder de la mafia, aunque mi abuelo actualmente tiene esa posición, para ese entonces mi padre se había desquiciado un poco por el secuestro de mi hermana. Cuando conocí a Ryan, él quiso robarme el auto y matarme, llegaron los guardaespaldas de mi familia y casi lo dejan muerto. Mi madre intervino y decidió hacerse cargo de él, desde ese entonces nos hicimos amigos hasta el sol de hoy. —No estaba pensando en ella —respondo, viendo el resultado de unos exámenes—. Estaba recordando cómo nos conocimos, es todo. —Te conozco muy bien, Alek —se sienta frente a mí—. Pensabas en ella, después sentiste lástima por ti —dejo de revisar las cosas para verlo—, y terminaste por pensar en mí y en lo mucho que me amas —alzo una ceja—. Estas tan agradecido de tenerme que temes que venga una mujer y me robe lejos de ti. —Ryan, deberías hacerte un chequeo algo en tu cabeza —lo señalo—, te está fallando —veo la hora en mi computadora y suspiro, aún falta para el almuerzo—. Si te roba una mujer, por favor que te lleve lejos para que me dejes en paz. —Eres tan cruel, después de tantos años siendo novios —empieza a llorar fingidamente. Entra una enfermera sin tocar y ve la pequeña escena de Ryan. —¿Usted no tiene manos? —me cruzo de brazos, la chica palidece—. Toque antes de entrar no ve que mi colega tiene la regla y está susceptible —mi amigo sonríe, la mujer baja la cabeza—. Si vuelve a pasar esto —me levanto de la silla—, considérese despedida. Dígame a qué vino que ni tiempo le dio para tocar una puerta de madera. La chica alza la cabeza con el ceño fruncido. Típico de la gente amargada de aquí. Uno ya no puede medio hablarle porque se molestan. Que agradezca que estoy de buen humor. —Es su ama de llaves —abro los ojos sorprendido, Ryan se levanta de su asiento—. Vine corriendo porque usted dijo que solo importaba ella —se pone nerviosa y presiono mis labios porque no dice más nada—. Se desmayó y está en emergencia. —¿Por qué eres tan lenta para decir las cosas? —abro la puerta de mi oficina—. Me pusiste de mal humor —la chica hace que va a llorar—. Me molestan las mujeres lloronas. Esta despedida saca tus cosas de mi hospital y pasa por administración para buscar tu indemnización. Le hago señas para que se marche de mi consultorio y cuando ya se fue hecha lágrimas, salgo corriendo con mi amigo para sala de emergencias. ***** Hace una semana que no veo a Alda, ella es mi nana desde los 14 años. Me ha ayudado a salir adelante con mis problemas. Mamá cuando se iba de viaje me dejaba con ella. Alda es una señora de unos 57 años italiana de ojos cafés y cabello castaño. Siempre me ha dicho que jamás dejará que vea sus canas. De joven tuvo que volver loco a más de un hombre porque ella es una mujer hermosa y de carácter fuerte. No entiendo cómo es que se pudo desmayar. Mientras yo estoy de viaje por algún congreso o por trabajo, ella se queda en casa sin hacer nada. Tengo personas que limpian el departamento y si ella me dejara, también tuviéramos chef, pero ella dice que inútil no es y aunque sea debo dejarla cocinar. Ryan y yo llegamos a emergencias, como de costumbre, los empleados se tensan. Sí, soy un jefe que nadie quiere. El dueño del hospital es mi padre, mi madre es la vicepresidenta y mi mejor amigo y yo, somos los directores. Trabajo aquí por lo cerca que estoy de Suecia, si no hace rato me hubiese ido de las garras de mi familia. —¿Quién está atendiendo el caso de esta paciente? —pregunta, Ryan, todos guardan silencio, sonrío de lado—. No me hagan perder la paciencia. ¡¿Quién está a cargo de esta paciente?! —La señora vino sin documentación —responde, con soberbia un doctor—, no podemos atenderla por más que queramos. No tiene familiares y vamos a dejar que alguien venga a reconocerla para ver si la tratamos. —¿Qué clase de mierda de persona eres? —le pregunto mientras me acerco a ver a Alda. La caída fue fuerte, siete puntos como mínimo hay que agarrarle en la ceja. Reviso su pulso y demás partes del cuerpo antes de volver a hablar. —Esto es un hospital público, doctor —le hablo con calma al tipo—, y aunque fuera privado, tengo el dinero suficiente para atender a indigentes. Si perdió la documentación fue por la caída. ¿Acaso eso es motivo para no atenderla? —pregunto, intentando mantener la calma. —No tiene seguro y no se va a atender —se cruza de brazos, suelto una carcajada sin gracia—. Además, yo soy el jefe de esta área. No tengo por qué dar explicaciones a médicos de neurología. No hay daño en el sistema nervioso así que salgan de aquí. —Que bastardo tan gracioso es este doctor, Alek —dice, Ryan, asiento volviendo a ver al sujeto—. Tú —señala a una enfermera—, trae suero y el equipo de sutura. El imbécil detiene a mi amigo y lo mira como si estuviera loco. —¿Qué se supone que estás haciendo? Es mi paciente y aquí nadie la va a atender más que yo. No traigan nada esta señora es una indigente y sin seguro no será atendida —vuelve a insistir el ex médico de aquí. Veo como Ryan se suelta del agarre del ex empleado para irse con Alda. Suspiro acariciando mi sien. —Es suficiente —el tipo me ve—. El día que te graduaste como médico hiciste un juramento. Debes salvar la vida de la persona sin importar que tan malo o bueno sea —me ve confundido, al ser nieto de Dmitry me di cuenta de que tan mierda es el ser humano, pero como médico eso no importa—. Nuestro deber como doctores sin importar la especialización que tengamos, es que si tienes un paciente frente a ti, debes salvarlo. —No puedo y las reglas del hospital... —intenta hablar y lo detengo. —Las reglas del hospital las voy a cambiar y no vas atender a Alda porque no merece que un intento de médico la atienda. Sí, soy neurocirujano y la señora no tuvo ningún problema en su sistema nervioso, pero ella es mi familiar y debiste atenderla aunque no lo fuera. Además, el doctor Stevenson y yo somos los directores de aquí —el hombre abre los ojos desorbitadamente. Es increíble cómo la gente hace que me moleste. Dos despedidos en un día. Suspiro nuevamente y muevo mi cuello de un lado al otro. —Gracias por prestarnos tus servicios desde hoy estás despedido. Administración está en algún piso búscala y diles que te den tu indemnización. Le hago señas para que se marche y regreso mi atención a Alda y Ryan. Sí, soy conocido como el jefe que despide a medio hospital, pero no es siempre solo cuando es justo y necesario. ***** Como no teníamos cirugías ni consultas pautadas para hoy, Ryan y yo nos quedamos acompañando a Alda porque estaba dormida. El médico que me trató cruelmente, duró dos horas rogándome que no lo despidiera, que él cambiaría, pero no pude decirle que se quedara. Solo me importa salvar a mis pacientes y necesito gente eficiente que piense igual. Lamentablemente, él, ya no lo es. Mi amigo y yo volteamos a ver a una pelirroja que empezó a gritar al hombre que había despedido. Le pedí que buscaran a los familiares de Alda, pero supongo que ya se había metido con algún familiar anteriormente. La castaña que acompañaba a la chica también comienza a gritar al tipo, lo más divertido es que lo están regañando en italiano y el hombre no sabe qué hacer. La pelirroja ve hacia donde estoy yo y abre los ojos sorprendida, deja hablando solo al tipejo ese y sale corriendo al ver a Alda. —Oh mio Dio, zia. ¿Cosa ti è successo?* —pregunta, con lágrimas en los ojos parada en la punta de la cama. »"Oh dios mío, tía. ¿Qué te pasó?"« La otra chica se acerca de la misma manera y se sorprende al ver a Alda dormida. Mi nana está bien, solo tuvo una baja de azúcar, menos mal que la señora que limpia el departamento la encontró. ¿Estas chicas son familia de ella? Lo dudo, capaz son adoptadas, ninguna se parece a mí nana. —Ella es mi tía, fui llamada por aquel hombre grosero —dice, la pelirroja aguantando las ganas de llorar. Odio que las mujeres lloren piensan que todo lo pueden solucionar así. —¿Hasta ahora te apareces? —ataco, mi amigo me hace señas para que me detenga, la chica me ve con confusión y con rabia—. Alda tiene toda la vida viviendo conmigo y es primera vez que te veo. No necesita de una sobrina descuidada como tú —parpadea, tragando grueso—. ¿Quieres dinero? Alda te manda todo su sueldo para que te lo gastes, eso debe ser suficiente para ti. Ahora vete que no quiero que mi nana se altere cuando despierte. Se ríe y agarra la baranda de la cama, agacha la cabeza y suspirando la alza para verme. Sus ojos están rojos, pero sin botar una lágrima vuelve a hablarme. —Eres un imbécil y ya sé qué clase de ser humano eres —me replica, muy molesta, su acento italiano se hace más fuerte—. Ha vivido toda la vida contigo. ¿Quién crees tú entonces que me la quitó? —alza una ceja, sus ojos verdes se empiezan a llenar de odio—. No tengo que darte explicaciones de nada. Es mi tía y la veo cuando se me dé la gana. Métete tu estúpido dinero por el culo y de aquí nadie me saca. Si te molesta verme no vengas porque de aquí no me voy. Sonrío de lado ante su divertida respuesta y veo a mi amigo que muere por reírse. —Hablas muy bien el idioma no eres tan ignorante como pensé. Me alegro de que te hayas gastado bien la plata de mí Alda —respondo, molesto, volviendo a verla—. Quédense aquí vendremos más tarde cuando ellas ya no estén. —¿Eres ruso? —se burla—. No podías esconder tu acento y por lo visto fuiste criado bien. Gracias a ti, me robaron a mi tía —pasa de largo para ponerse en donde yo estaba—. Es hermoso conseguir lo que quieres a base de secuestros y dejando huérfanos a los demás. Me conoce muy bien entonces. Nos miramos con odio por algunos minutos hasta que Ryan me dice que nos vayamos de ahí. ¿Quién se cree que es esa pequeña mocosa? Yo no secuestré a nadie. Que ella sea una vividora de su tía no es problema mío. Qué bonito cómo recayó toda la culpa hacia mí. Le voy a prohibir la entrada a mi hospital y a la vida de mi Alda. Porque es italiana, pelirroja y de ojos verdes claros, ¿piensa que va a venir a joderme la vida? Pues no, a mí nadie me va a joder mi perfecta existencia.
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