Un suspiro, solo eso... Tal vez un latido, dos, tres, se repetía constantemente, no paraba. –Detente. –Dijo la voz en su interior, —mira más allá...—Ella se negó, tenía miedo, un miedo indescriptible, sentía que sus manos y piernas temblaban, no se podía contener, era algo desesperante, nunca había sentido tanto miedo. Pero lo que le aterraba no era el ruido, si no la oscuridad inmensa que la cubría, una y otra vez intentó abrir los ojos. Nada. La nada la acompañaba siempre... —¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres de mi? —Pero nadie respondía, ¿Por qué sentía esa sensación? Los minutos pasaron, el repiqueteo de su corazón era insoportable, no paraba y no lo podía calmar. —respira— se dijo a si misma. Nada. Otra vez la soledad. —¡Deja de actuar como si no supieras nada!—dijo la vo

