Caminamos juntos, mientras nuestros hombros se rozan en cada paso que damos. Esto pasa porque nuestras estaturas son bastantes similares y esa es la razón por la que siempre esto es un tema de diversión en nuestras conversaciones diarias. El viento fresco por la temporada soba mi rostro y se lleva mi tristeza disfrazada con una sonrisa, una que últimamente he aprendido a traer conmigo a rastras y me ampara de preguntas no deseadas tales como el sí estoy bien o si sigo pensando en él... siempre estoy pensando en él. El cielo pintado de naranja me distrae un segundo y eso fue todo lo que necesite para dar un paso en falso y tropezar torpemente con mis pies y caer sobre mis rodillas. —¿Estás bien, Emylie? Aspiro aire ruidosamente al tiempo en que sin verificar los daños causados por mi caí

