Maldita mierda, aún no sé dónde buscar a Paulina... Cierro el libro de golpe y lo dejo en la mesa de mi cuarto (bueno, el de Paulina), y me paso las manos por la cara. Estoy desesperado. Luego de un rato, me tiro a la cama de Paulina y respiro el aroma de ella impregnado en las almohadas. La extraño tanto... Cuando empiezo a quedarme dormido, comienzo a escuchar susurros en mi cabeza. Se escuchan lejanos... Luego, como si la persona que susurra llorara mientras habla, los susurros poco a poco se vuelven más claros y reconozco la voz de Paulina. —Lo siento por dejarte solo, no podré cumplir la promesa que hice contigo y no tendremos los cachorros que queríamos... No quiero estar aquí...—la escucho, cada palabra un poco más clara, al igual que los sollozos de su parte—tengo miedo de que a

