Estaba hablando con Fabricio… No sé cómo carajos lo hice, pero lo hice. Sentía que lo necesitaba, que me escuchara, que supiera que estaba bien, o al menos lo mejor que se puede estar en esta situación. Pero… Tuve que cortar la conversación porque el maldito Oliver irrumpió de golpe en el cuarto, asustándome de una manera que casi me da un paro cardíaco. Mi corazón se detuvo por un segundo, luego empezó a latir tan rápido que pensé que se me iba a salir del pecho. El miedo me recorrió como una corriente eléctrica antes de convertirse en pura rabia. —¡¿QUÉ VERGAS TE PASA?! —me quejo, levantándome de la cama de un salto, con la sangre hirviendo—. ¡¿QUÉ NO SABES TOCAR?! —sigo, dejando que la ira me controle. No me importa si me meto en problemas, no me importa nada en este momento, solo qui

