Ella se puso de pie. —Si él no se va me iré yo —declaró ella, gruñendo por lo bajo y mirando a Thiago, señalando con el dedo índice a Lee—. ¡Ya estoy hasta los ovarios de este tipo! Thiago hizo uso de esa paciencia en la que tanto se destacaba a diario y levantó las manos en un ademán de tranquilizarla. —Sólo espere un momento, regrese a la cama, es peligroso que esté de pie —la miró con petición, inclinando un poco la barbilla sin dejar de mirarla y tomándola de los hombros con suavidad—. Deje que yo me encargue de esto, sólo… trate de no tener fuertes cargas emocionales —agregó, asintiendo cuando ella decidió hacerle caso, aunque recelosa y dudando de todos—. Le diré a alguna enfermera que venga a atenderla. ¿Está bien? Marie estaba todavía exacerbada, pero se

